Para Coparmex Mérida está más vigente que nunca el dicho no hay plazo que no se cumpla. Como también el recordar que el nuevo presidente de México tiene 2,190 días para hacer realidad las altas expectativas que le vendió al electorado, para solucionar de fondo los problemas que más lastiman a la sociedad, la corrupción, la impunidad y la inseguridad, entre otros muchos.

“Le toca ahora, representar a la Institución Presidencial y fortalecerla no desacreditarla. Asume hoy un mandato legítimo y absolutamente responsable de lo que a partir de hoy suceda en los ámbitos social, económico y político”.

 

No será nada fácil que las palabras solucionen problemas reales. Se necesitan políticas públicas de avanzada y largo plazo para que esto suceda y la participación de toda la sociedad, bajo un liderazgo genuino y no perverso.

En Coparmex Mérida vemos un discurso ambiguo en la toma de posesión. Por un lado, con una visión de Estado, marca un punto final al pasado, pero abre la puerta a que, si el pueblo sabio decide otra cosa, actuará en consecuencia. Destroza una política económica neoliberal a todas luces mal llevada y por el otro lado pretende seguir siendo un Estado paternalista que reparta a su voluntad los recursos económicos siempre limitados. Habla de respetar la autonomía del Banco de México, no subir impuestos y no contraer deuda, lo cual vemos cómo un gran acierto. Pero borra con palabras y decretos reformas que al País le urgen como la educativa y la energética que sin duda han sido mal implementadas, en vez de proponer cómo hacer que sirvan para modernizar a la nación.

Que no nos confundan, la democracia participativa no significa consultarle todo a la gente que no tiene los elementos técnicos para decidir, significa ser sensibles y escuchar las prioridades de los distintos grupos de la sociedad, pero asumiendo la responsabilidad de las decisiones de Estado.

Llamar a la unidad, la participación y la concordia es la exigencia que tenemos hacia el presidente. Si algo caracterizó a los que se fueron es que nunca entendieron que no entendieron, ahora le pedimos que tenga claro que su diagnóstico del país es impecable pero que sus propuestas de solución siguen sin generar confianza por carecer de sustento de largo plazo.

No vemos elementos para que a partir del dicho de que primero los pobres, se marque el rumbo de una transformación del país, aunque coincidimos en la deuda social que el Estado Mexicano tiene para los 60 millones de compatriotas que no recibieron las oportunidades de desarrollo, que una minoría política saqueó de este país.

Estamos listos para trabajar todos los días para volver a México un país competitivo y aprovechar al máximo los recursos humanos y naturales que tenemos.

La política al servicio de la sociedad y como regulador de las actividades económicas, nunca por encima de las garantías individuales y del respeto absoluto al estado de derecho.

Por último, le deseamos al presidente se llene de humildad y se rodee de gente capaz para que al país entero le vaya mejor. La responsabilidad histórica es enorme.

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