Caronte@letralia.zzn.com

Cada año miles de personas intentan cruzar la frontera entre México y Estados Unidos de manera ilegal, perdiéndose muchos de ellos en el desierto, o son secuestrados y literalmente esclavizados, o bien, son detenidos por la Border Patrol y tratados como delincuentes para luego ser enviados de regreso a territorio mexicano.

Quienes logran cruzar se enfrentan a un territorio hostil, sujetos a explotación, sin derechos y víctimas de abusos. Prácticamente viven en las sombras, temerosos de ser descubiertos y por ende, vulnerables pues temen acudir a las autoridades para denunciar algún delito en su contra.

Este flujo constante de inmigrantes, no sólo mexicanos sino que también centroamericanos que cruzan México rumbo a la frontera norte, mantiene una bien estructurada industria, con ganancias millonarias.

Imagínese usted un negocio que deje tres mil millones de dólares al año, libres de impuestos, con escasos riesgo, con poder absoluto, sin tener la obligación de brindar un servicio de calidad al cliente.

¿Una utopía? No, para nada, es simplemente el volumen de las ganancias que obtienen los polleros (coyoteros como los conocen en algunas regiones), quienes no solamente trafican con personas, sino que sacan beneficio de la desgracia y se aprovechan de los sueños, convirtiéndose no pocas veces, en crueles pesadillas.

Según datos manejados por la Comisión de Población, Fronteras y Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados, en México, cada año se manejan tres mil millones de dólares en el tráfico de indocumentados en la frontera norte de México.

Este dinero va a dar a los bolsillos de todos aquellos involucrados en el infame comercio humano, que no es más que la explotación de la desesperación de mexicanos y centroamericanos que van en pos de su pedazo de “sueño americano”.

Sin embargo, hay quienes piensan que los polleros son necesarios, pues sin ellos “es más riesgoso pasar”. De otra forma es un riesgo permanente para quienes desafían el desierto, o las aguas del río, para pasar de México a Estados Unidos.

Pensar que el mero hecho de ser latinos, de nacer al sur de la frontera de los Estados Unidos,  es sinónimo de delincuencia, de lacra o de lastre social, es erróneo. Hay muchos ejemplos cotidianos de inmigrantes, sea la nacionalidad que sea, quienes trabajan duro y han puesto su grano de arena en el engrandecimiento de la Unión Americana.

Dicho de otra manera: el trabajo de esos mexicanos y centroamericanos beneficia a los Estados Unidos, pese a todos los males que se les atribuya a esos indocumentados.

Lamentablemente la extrema pobreza y la falta de oportunidades en sus respectivos países impide que se queden en sus comunidades junto a sus familias.

En México se habla de una cruzada contra la pobreza. En esta ocasión se ha iniciado por lo básico: conocer y entender el tema. La solución definitivamente no está en pagarle a la gente por ser pobres  como ocurrió en las administraciones federales más recientes.

Para solucionar cualquier problema es necesario primero entender su magnitud. Esperemos que cuando menos dejemos de tener en el país más pobres cada año. Eso sería un sano comienzo.

 Nos leemos en la próxima.

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