La crisis que se va generando en la Secretaría de Fomento Turístico por la inmadurez política y de gobernanza de su titular, Michelle Fridman, ya hace eco en la sociedad civil, más allá de partidos o intereses económicos.

El problema parece tomarse a la ligera y sin freno, justo cuando en las siguientes semanas se incrementará, debido a la incapacidad física y moral de quien pretende tener el ‘Don de la Ubicuidad’. O como decía la abuelita: pretender estar al mismo tiempo en la misa y en la procesión. La terquedad de pretender que se tiene vida privada cuando se trabaja con bienes públicos, de querer combinar el bien común con el beneficio personal, algo que incluso raya en la posibilidad de peculado como delito grave.

Hace algunos años, me tocó investigar el caso de un alcalde que acudió a un evento nacional en Quintana Roo, pero nunca llegó a los actos oficiales. A esa conclusión llegué luego de solicitar a los organizadores las listas de asistencia y las fotografías de las mesas de trabajo. La oficina de Comunicación Social del municipio sede me confirmó la ausencia laboral, la del gobierno del Estado igual y, finalmente, la Presidencia de la República. El tal alcalde estuvo en la Riviera Maya, pero no en la cumbre de puertos. Lo más cercano fue la presencia en una de las mesas, de su entonces chofer. Eran tiempos sin redes sociales y el hecho de deshonestidad, confirmado y documentado, no encontró eco y pasó a la historia. El alcalde luego sería diputado local, funcionario estatal y de su partido político.

Los tiempos cambian. Y no se trata de una cacería personal hacia una funcionaria. Se equivocan sobremanera quienes vinculan el tema a cuestiones sobre su forma de vestir, de hablar, su lugar de origen o hasta por sus preferencias sexuales. Insistir en eso es injusto. Además, abre la posibilidad de una estrategia victimizante, de martirologio, de reclamo porque a los funcionarios públicos se les debe juzgar por su acciones laborales y por los resultados en las funciones para las cuales son asignados … y se les paga.

Se equivoca también el funcionario y su equipo que pretenda considerar sus redes sociales como territorio privado, sus horas de comida o hasta de descanso. Las redes de la figura pública son públicas, son origen de información a menos que se pongan en modo privado.

Cuando se es funcionario público, que cobra dinero público y debe dar resultados para todos, no hay espacio para lo privado. El servicio público es de tiempo completo y si acaso hay tiempos libres o ausencias, esto es bajo responsabilidad de quien emplea y permite que haya distracciones que alejen del objetivo común.

Por eso, el daño causado debe cuantificarse, no minimizarse. Michelle Fridman puede decir que la prensa no la quiere o no la entiende. Pero que un ciudadano común (aunque ni tan común si puede desembolsar casi 100 mil pesos para un viaje a Europa) le tome una fotografía paparatzi en una zona clase premium de un avión transatlántico, es un duro, muy duro golpe. También es un aviso para ella y para su empleador.

Por una parte, cuestiona el tema de austeridad que promueve un gobierno del cual, aunque ella pretenda disimular, forma parte. Por otro, el dedo empresarial que apretó el click para la fotografía sabe bien el costo del lugar que ocupa y cuestiona a quien considera advenediza, a quien pese a todos sus esfuerzos, es rechazada ya no solo por una turba de un puerto o por un dislate semiótico.

La foto que publica el Diario de Yucatán es una radiografía descarnada que cuestiona: ¿Qué hace ahí la secretaria de Turismo?
Cuestionamiento mayor cuando, según su investigación, como aquella del alcalde playero, la titular de Sefotur no llegó a la Feria Internacional de Berlín. Aún más: la delegación mexicana no la reconoce, el secretario federal de Turismo, mismo que también ha cuestionado su eficiencia, no la protege y, en conclusión, @Mich no estuvo ahí. Y si estuvo, no fue como titular de Sefotur.

En el mejor de los casos, la fotografía en primera plana es evidencia de que Mich Fridman hizo ‘puts’ (puts escuela, puts trabajo, puts=huir, fugarse, en lengua maya. Decir que va a un lugar y en realidad no) … y la pescaron.

Y vendrá la cantaleta de la vida privada, esa vida a la que no tiene derecho un servidor público a menos que se especifique horario y agenda porque, si quiere descansar o hacer sus cosas, pues simplemente que no acepte el cargo, dirán los puristas del servicio público. Porque al asumir el cargo, al cobrar -y muy bien cobrada- del erario, del dinero de todos, se da prioridad a los asuntos públicos por encima de sus negocios privados.

El tema entonces parece ser ese, el de los negocios privados. Y así queda la cuestión hasta el próximo episodio de duda existencial de la funcionaria-empresaria, como se anticipa le ocurrirá en los próximos días con el festival ‘Pal Norte’, 22 y 23 de marzo en Nuevo León. Como también ocurrió con la Feria de León y otros clientes de la agencia de relaciones públicas que dirigió (o dirige) o sus representaciones artísticas musicales.

Depende de su empleador decidir si lo hace bien o lo hace mal. Pero en materia de percepción, de comunicación política, en estos momentos Michelle Fridman es cuestionada ya no solo por filias y fobias, sino por su labor.
Es, en estos momentos, un problema de ALTOS VUELOS.

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